RUMANÍA EN MOTO

Comienzo la crónica de este viaje a Rumanía, de una forma diferente a otros relatos escritos en mi vida en moto, esta vez ha pasado casi un año desde que realicé el viaje.
El canal de Youtube me ocupa mucho tiempo y cada vez me es más complicado atender todas las páginas que tengo abiertas. Pero con motivo de la nueva web, he sacado tiempo y fuerzas para comenzar una crónica escrita de un viaje maravilloso que realicé en mayo del 2018, con los amigos del shadow custom club, Pope y Juan Carlos.
A diferencia de otras ocasiones, esta vez no soy el promotor, sino que me acoplo al viaje que mis compañeros llevaban tiempo preparando.
Juan Carlos está casado con una chica Rumana y tenía la ilusión de que uno de sus grandes viajes en moto, fuese al país de los cárpatos. Uno de sus mayores intereses es que visitáramos la casa de los abuelos, viendo por nosotros mismos como se vive y se vivía no hace mucho tiempo en España.
¡Comenzamos!
Viernes 25 de mayo de 2.018
Hemos quedado el sábado en Francia, concretamente en Narbona, punto de unión del camino que viene de la Junquera (mediterraneo) con el que viene de Irún (cantábrico).
Recuerdo dormir en un F1 a mitad de camino. Día de transición hasta comenzar realmente el viaje.
Sábado 26 de mayo de 2.018
A eso de las 12.00 nos encontramos de forma casual en una gasolinera de Narbona. Fue curioso, ya que ambos grupos pensamos que era un muy buen sitio para quedar. A mi me vino bien, porque estaba sin cobertura telefónica y me evitó algún que otro inconveniente.

Desde Narbona, tiramos hasta San Remo, ya en Italia. Recorrimos 470 km sin ningún interés. Todo el viaje fuimos reservando hoteles sobre la marcha. Tener datos en Europa, ayuda mucho al viajero y por supuesto lo aprovechamos convenientemente.
En esta ocasión, reservamos un hotelito asentado en una antigua villa palaciega que tuvo mejores años, pero aún así aun conservaba la esencia que tuvo en su día.

Llegamos con la puesta de sol, enseguida nos dimos cuenta que San Remo no es Niza ni Mónaco. Aún así es un sitio precioso. Matamos el día viendo ganar al R. Madrid la copa de Europa y tomando unos cubatas!

Domingo 27 de mayo de 2.018

Nuestra siguiente etapa también habría de ser de autovía. Nos tocaría recorrer los 523 km que hay hasta Venecia, para aprovechar a visitar la bella ciudad de los canales por la tarde.

Muestro unas fotos de la fotogenica ciudad.

Suelo comentar de forma privada, que si vas en moto a Venecia, puedes atravesar el puente del ferrocarril y aparcar justo a la entrada de la ciudad vieja. He estado tres veces en Venecia y siempre he hecho lo mismo.
Cuando fui con la familia cogimos el vaporeto de manera gratuita, pero esta vez no nos fue posible. Además de no ser gratis, era bastante caro, osea que nos tocó caminar a patita toda la ciudad. Vino bien después de tantos kilómetros con el culo sentado, pero mis compañeros se quejaron un poco de la pateada que les metí. Lo mejor, que pienso que al final a todos nos quedó el buen sabor de boca que deja haber pateado tan pintoresca ciudad.

Cuando uno lee cuales son las mejores carreteras del mundo, siempre está en la lista un paso situado en Austria, que une las poblaciones de Zell am See y Lienz. Ese paso no es otro que la mítica Grossglockner.

Antes de ir, uno supone que va a ser una bonita carretera alpina, pero es que la realidad supera cualquier expectativa.

Salimos de Venecia entre una nube de mosquitos. Yo creo que los insectos fueron los causantes que no nos entretuviésemos nada. En cero coma, estábamos enfundados en los trajes de cordura y camino a Austria.

Desde Venecia, se puede ir hacia la Grossglockner tomando algo de los dolomitas, pero en nuestro caso, que el destino final del viaje era Rumanía, tomamos el camino más corto y rápido.

Al poco de salir de Venecia, ya se empieza a disfrutar de lo que más tarde vendrá. Se alcanza con relativa facilidad la base de las montañas y el tráfico no agobia.

Casi sin darnos cuenta, estábamos en la frontera con Austria.

Nos hicimos la fotos de rigor y seguimos camino a los alpes. El cambiante clima austriaco, nos regaló una parada en uno de los múltiples bares moteros que hay en esta zona de Europa. Es habitual ver el cartel de “wellcome bikers” y como no, acudimos a la llamada, para entrar en calor, con un buen café latte, en uno de esos bares de ensueño que hay en los alpes. Justo en el momento que paró la lluvia, aprovechamos para andar unos pocos kilómetros más. Yo fui el primero, un poquito más rápido que mis compañeros, intentando viajar seco.
De forma sorpresiva, la lluvia se convirtió en sol, los astros se alinearon, para que pudiéramos disfrutar de semejante lugar.

En el momento que estoy escribiendo esta crónica (año 2.020), el precio del peaje para las motos es de 27,00 € y para los coches de 37,00€, es caro, pero merece la pena.
Como yo tiré más rápido, me tocó esperar una hora en el peaje. Ese día tuvimos un pequeño descontrol con la ruta. Ese fallo no se volvió a repetir.
Como no terminaban de llegar, les mandé un whatsapp con la ubicación y me lancé a disfrutar de la maravillosa carretera que estaba delante de mi.

Esta carretera, bien se merece el calificativo de mejor carretera de Europa. El firme está perfecto y el paisaje es simplemente para dejar a uno sin palabras. Cada curva que tomas te brinda una postal, cuanto más avanzas más bonito se vuelve todo.
Tuvimos mucha suerte, acompañaba el tiempo, no había exceso de tráfico, había nieve….
Entre paisaje y paisaje, curva y curva, se alcanza un desvío a mano izquierda en el sentido Zell am See, no dejéis de tomarlo, porque merece mucho la pena. Para mí, lo más bonito de toda la carretera.
El desvío es una vía muerta, que acaba en un glaciar, en el que han construido un hotel. Todo es de una belleza inaudita.

Las fotos, no hacen justicia a lo que allí se ve, de verdad, podéis creerme. Como iba con tiempo me deleité con el paisaje hasta que llegaron Pope y Juan Carlos. Ya conocía la zona, osea que les recomendé hacer la ruta de visita al glaciar, ¡no les decepcionó!
Lamentablemente, la tarde se nos echaba encima, por lo que proseguimos ruta disfrutando de la parte que nos quedaba de carretera. Me divertí mucho siguiendo la rueda de la goldwing. Las estriberas echaban chispas en las curvas y nuestro ritmo era alegre. Una maravilla poder disfrutar de nuestras motos en semejantes lugares.

Ese día acabamos durmiendo en Salzsburgo, pero eso ya lo dejamos para el próximo día!
Por aquí dejo el vídeo-crónica de ese día, centrado principalmente en la famosa carretera alpina:

Si en la entrada anterior hablaba de que la Grossglockner es una de las carreteras más bonitas del mundo, hoy os voy a hablar de Hallstatt, un pueblo a orillas del lago que lleva su nombre, que aparece en todas, absolutamente todas las listas de los pueblos más bonitos del mundo.
Si ya tenemos la experiencia de la carretera alpina, este encantador pueblo no decepciona en absoluto.
Pero vamos a empezar donde lo dejamos, en Salzburgo. La noche anterior dormimos en un hotel/casa con cierto encanto a las afueras de la ciudad que dio vida a Mozart.

Aquel día llegamos cansados, con el tiempo justo a cenar y poco más. Yo creo que fue el cansancio lo que hizo que nuestro amigo Juan Carlos tuviera un percance sin mayor importancia, se le calló la moto casi en parado.
Estos lances del viaje te ponen a prueba. Moto nueva que besa el suelo, no suele ser del agrado de nadie, pero los viajes son así y lo mejor de todo es que ni moto ni piloto tuvieron ningún tipo de consecuencia.
Al día siguiente, la luz nos iluminó la visita a la bella ciudad de Salzsburgo. Es una ciudad pequeña, del tamaño de Oviedo para que os hagáis una idea, eso tiene consecuencia que su visita no lleva mucho tiempo.

Visitamos el mercado popular tipo rastrillo, las plazas más importantes y poco más. Por cierto, visitar los mercados es una tarea muy buena a realizar en los viajes. A mi al menos me gusta ver los precios de la fruta, la artesanía local, los postres….
Abandonamos Salzsburgo con la mirada fija en el pueblo de Hallstatt. Ya le tenía yo ganas a esta visita. Estuve cerca alguna que otra vez, pero siempre se me escapaba la oportunidad de disfrutar de semejante maravilla.
Ir en moto, os podéis imaginar, que es una gozada. Ya no solo por la visita en si al pueblín, sino por los maravillosos paisajes. Paisajes, que por cierto no te abandonan casi nunca estando en Austria.

La visita no lleva tiempo, ya que es un pueblo muy pequeño. Disfrutamos por un rato de las vistas y seguimos camino. Ese día tocaba comer de restaurante. Realmente no era premeditado, simplemente paramos a tomar una cerveza en un local de la zona y una cosa llevó a la otra. Esa comida me pareció uno de los momentos del viaje, ya veis que cosas simples a veces te dan buenos placeres.

Aquella noche, dormimos en Viena. El hotel elegido fue a las afueras de la ciudad y he de reconocer que pasé algo de miedo por las motos. Las dejamos en la calle con medios de seguridad peregrinos y nos fuimos a echar una cerveza a uno de los antros que abundaban en esta zona de la ciudad. La cena fue en otro antro, un kebab sino recuerdo mal….
Como comentario decir que las ciudades grandes o medio grandes es mejor evitarlas a o no ser que duermas más de un día en ellas. Si son de paso, lo mejor es dormir en un pueblo, que es más económico y te da otras sensaciones.
Amaneció otra vez, las motos estaban en el mismo lugar en la que las habíamos dejado. El miedo es libre, a veces te condicionas más por tu entorno y tus prejuicios que lo que realmente estás viviendo.
Ese día teníamos pensado ir a dormir a Budapest. Nos separaban apenas 250 kilómetros, pero uno propone y Dios dispone….
Según entramos en Hungría, Pope (goldwing) advierte que la moto le está haciendo extraños. Miramos la rueda y vemos que está pinchada. Estuvimos un rato intentando adivinar de donde procedía el pinchazo sin éxito, por lo que decidimos ir metiendo aire en cada gasolinera hasta que localizásemos un taller en el que nos pudieran reparar la rueda.
Eso ya lo contamos en la siguiente entrada, de momento os dejo el vídeo que edité para la ocasión…

El día de hoy discurrió reparando el pinchazo de la goldwing 1800. Por más que miramos, no conseguíamos saber de donde venía la pérdida de aire. Lo normal es ver algún clavo introducido en el neumático, pero en este caso no había nada.
Fuimos penando de gasolinera en gasolinera, metiendo presión al neumático, hasta que llegamos a las afueras de Budapest. 
Al estar en las cercanías de una gran ciudad, era evidente que tenía que haber talleres de motos. Vía GPS nos dirigimos a uno de tamaño considerable, concesionario oficial de Yamaha y Suzuki, pero no quisieron reparar la rueda. Alegaban que una mecha no se podía colocar debido a la peligrosidad de la reparación y que carecían de neumático nuevo….
En fin, tampoco era para perder el tiempo y buscamos otro mucho más familiar. Era un taller todo de madera muy al estilo old west, en el que nos recibieron con los brazos abiertos, tres diosas húngaras…
En serio, cuando llegamos, estaban cambiando neumáticos a un coche y tuvimos que esperar un rato. Aprovechamos para ir a comer, para hacer algo de tiempo. 
Aún así todavía se retrasó más la reparación y eso ayudó a que entablásemos conversación con las chichas. La verdad sea dicha que en general eran bastante atractivas y sobretodo muy agradables. 
Nos invitaron a café, refrescos etc. Una pasada.

Si has llegado a este post, para saber como se cambia la rueda trasera a una goldwing, es tu momento.
La forma más sencilla, sino tenemos elevador, es tirar la moto al suelo,. Se apoya en las defensas laterales derechas con cuidado y se deja accesible para sacar los tornillos que sujetan la rueda. En nuestro caso, parece que los había apretado el mismísimo Hulk, pero con paciencia y una palanca, fueron soltando.
De esta manera tienes la rueda quitada y ya sólo queda reparar el pinchazo. En nuestro caso, la avería venía provocada de que la válvula había rajado, ya que no era de muy buena calidad. Se le puso válvula nueva y pinchazo solucionado.
Poner la rueda ya no tiene misterio, se hace a la inversa.

Antes de marchar, dimos una vuelta con las chicas en la moto. Nos invitaron a pasar la noche a Buda, pero aunque era objetivo del viaje, tuvimos que rechazar la invitación, ya que Rumanía nos esperaba.
Ellas no decían Budapest, sólo Buda. Investigando a posteriori aprendí que son como dos ciudades independientes. Su Puente de las Cadenas del siglo XIX conecta el distrito montañoso de Buda con la plana Pest. 
Agradecidos por el trato, continuamos el viaje hasta llegar justo a la frontera Rumana. La pasamos sin ningún tipo de inconveniente y elegimos el primer hotel que encontramos.
Era ya tarde, sobre las 11 de la noche, probablemente. Aun así nos dieron de cenar en un restaurante local. Esta zona, al ser paso fronterizo, está muy viva y hay todo tipo de servicio.
Como siempre, os dejo la crónica en vídeo también.


Ese día amanecimos tarde, no nos pusimos en marcha hasta bien entrada la mañana. Se agradeció porque estábamos cansados y el hotel en el que nos habíamos alojado, fue bastante confortable.
Pero a eso de las 11.00 salimos de Oradea y pusimos rumbo a Shigisoara. Elegimos este enclave, porque más o menos está cerca de los puntos característicos, que queríamos visitar en Rumanía.
Teníamos que recorrer una distancia de unos 300 kilómetros, lo hicimos con suficiente tiempo como para escoger hotel con tranquilidad y tomar unas cervezas. El hotel elegido iba a ser de calidad, porque en él nos íbamos a alojar los siguientes días.

El día siguiente, iba a cumplir otro hito del viaje. En este caso también es otra de las carreteras que figuran como entre las mejores que existen en el mundo. Se trata de la transfagarasan. Es la segunda carretera pavimentada de mayor altitud de Rumanía. Construida como ruta militar estratégica, los 90 kilómetros de curvas recorren de norte a sur las secciones más altas del sur de los Cárpatos, entre el pico más alto del país, el Moldoveanu, y el segundo más alto, el Negoiu.
Nuestro caso fue un tanto extraño, ya que la famosa carretera estaba cerrada al tráfico. 
Subimos por una ruta llena de curvas y árboles. Sabíamos que estábamos en las inmediaciones del conde Drácula, por lo que en mi caso, me resultaba imposible no imaginar la típica persecución de la película, cuando el conde se ha llevado a wilhelmina Murray y está siendo perseguida por su marido Jonathan Harke.
En fin, el caso es que la carretera discurre por una zona muy, muy boscosa. Todo iba de cine hasta que en un momento dado paramos un momento a los pies de una cascada y unos metros más allá descubrimos que la carretera está cortada al tráfico.
Una fila de new jerseys de hormigón cierran el paso al tráfico, pero hay una pequeña fisura en un lateral y al Africa Twin pasa con comodidad. Juan Carlos se había quedado un poco más abajo esperando a su esposa y Pope me dejó subir solo, ya que la Goldwing no podía pasar.
Por tanto me tocó la lotería de subir en soledad la famosa carretera. Confieso que al principio tenían mis dudas. La carretera estaba cortada, pero yo no sabía el motivo exacto.
Mi mente era un hervidero, quizás estaban haciendo voladuras, quizás había aludes de nieve, quizás estaban talando árboles de forma preventiva….

En un momento de la subida paré a recapacitar y hacer unas fotos. Estuvo bien la parada, porque a lo lejos escuché el sonido de motos. Ese ruido mecánico me hizo agudizar la vista y distinguí la silueta de algunos moteros haciendo la ascensión. Si alguien está subiendo, yo también lo puedo hacer, osea que ¡adelante!
Con el alma en un vilo por estar haciendo algo no del todo legal sigo tomando el ascenso. Fue un lujo disfrutar una carretera que generalmente está atestada de turistas, prácticamente en soledad. He de reconocer que las vistas y la carretera está bien, pero yo no la catalogaría como “de las mejores del mundo”. Está bien, pero en nada es comparable a la experiencia vivida días atrás en Austria con la Grossglockner.

En las partes más altas del ascenso se aprecian buenos cortes en la nieve, pero no dejan de ser zonas muy concretas. La gran mayoría de la carretera está en perfecto estado.
Arriba del todo hay un túnel, este si se encontraba cerrado. Aunque haciendo un poco el cafre si hubiera podido seguir con la ruta, ya me pareció excesivo y di por concluida la transfagarasan en su parte más alta.

Me encontré con los compañeros alemanes, me preguntaron por los neumáticos que llevaba y poco más. Me despedí de ellos y me fui a dar una vuelta por la zona alta. Hay un lago muy chulo y la parada de un teleférico que me di cuenta que venía justo del lugar donde me estaba esperando Pope.

Foto en las típicas curvas y comienzo el descenso. Este ya lo hice sin ningún tipo de preocupación, por lo que lo disfruté más.
De todas formas repito que no me parece digna del calificativo de mejor carretera del mundo. Eso sí, carretera para hacer. Más que nada, porque te obliga a llegar hasta aquí y conocer Rumanía que tiene su cierto encanto. Eso lo veremos después en siguientes entradas.
Cuando llego a la ubicación de Pope, hay un hervidero de motos. Unos compañeros Polacos, me estaban esperando para que les diera indicaciones de como estaba la carretera. Les comunico que la carretera está perfectamente y les ayudamos a pasar.
El sitio era estrecho y las motos muy “gordas”, osea que nos tuvimos que ingeniar para que todas pudieran acceder al conocido puerto.
Recogimos a Juan Carlos, que cuando llegamos ya estaba con su mujer, nos fuimos a comer a un sitio espectacular y por la tarde intentamos la vista al castillo de Peles. Lamentablemente no nos dio tiempo, porque había cerrado. Eso sí, la foto la hicimos!

Después de visitar el castillo de Peles solo en su parte exterior, nos fuimos de nuevo a nuestro campamento base. En este caso nos metimos por una carretera de mil demonios que hizo que a la goldwing se le saltasen hasta los empastes. Nuestro amigo Pope lo pasó realmente mal, sin embargo las Africas ni se enteraban, iban en su salsa…
El día siguiente amaneció raruno. En esta época del año nos tocaron muchas tormentas pasajeras. Me dijeron que en España no paró de llover, nosotros tuvimos alguna tormenta, pero sólo eso.

A lo que iba, ese día tocaba la visita al castillo del conde Drácula. Realmente no es el castillo de Vlad Tepes (el empalador), que sólo estuvo allí dos días, pero aún así turisticamente es el castillo de Drácula. Castillo de Bran.
El sitio es muy turístico, aspecto raro en Rumanía, que no es habitual ver turismo masivo. Mucha gente dice que decepciona, pero a mi me gustó.
De mano ves un castillo encaramado en una roca con un aspecto bastante lúgubre. Es más bien pequeño y más bien cutre, lo que le hace tener un aspecto un tanto siniestro.

Pagamos nuestra entrada (unos diez euros) y nos dirigimos a ver el caserón. Es como una casa vieja, la madera del suelo cruje. Las escaleras son angostas y empinadas. Dispone de un patio central bastante chulo, pasadizos secretos….
Os dejo fotos:

Después de ver el famoso castillo, tomamos rumbo a la “casa de los abuelos”, Dragasani.
El objetivo final de este viaje, era pasar unos días en la casa de los abuelos de la mujer de Juan Carlos. Fue un objetivo precioso.
Como tengo dos vídeos de esta parte, os dejo el primero que encajaría justo en este momento de la crónica.


Como decía, esa noche dormimos en una aldea cerca de Dragasani. La “casa de los abuelos” es una casita muy antigua. Me recordaba mucho a la casa de mi pueblo.
Eran dos casas, una más antigua que carecía de agua corriente y otra de planta baja algo más moderna. Nosotros nos quedamos en la casa antigua a dormir. Un sitio espectacular.
En la parte anterior se contaba con un jardín y en la posterior con un huerto de nada despreciables dimensiones. Había a parte de las típicas hortalizas, un montón de árboles frutales.
La planta baja de la vivienda estaba destinada a almacén. Nos encontramos con tarros de mermelada, conservas y licores de muy alta graduación “gasolina para las venas”.
También en otra zona estaba la parte de los animales y el horno de pan.
En verdad que era un sitio muy acogedor. Un sitio genial para relajarnos unos días y parar las motos.

Esos días, nos dimos caminatas por los bosques. Recogimos agua y convivimos con dos entrañables ancianos.
Un dato que me llamó la atención, es que a las puertas de la casa, ya estaban dispuestas las lápidas que un futuro día muy lejano recordarán a los abuelos. Curioso como esta gente no le gusta dejar ninguna deuda a sus hijas…

Después de descansar unos días en la zona más rural de Rumanía, emprendimos regreso a casa. Estábamos a miles de kilómetros, pero a través de barcos conseguimos acortar unos días el viaje de vuelta y bajar los kilómetros.
Pero aún seguimos disfrutando de Rumanía. De camino a Serbia, paramos en casa de Dan, un amigo de Pope afincado en Torrevieja.
Su tía nos enseñó la bonita casa que se está construyendo para el futuro. Esta es una tónica muy habitual en Rumanía. Los emigrantes ahorran su dinero y se lo gastan en su futura vivienda.
Luego están los ilegales, que se construyen casas palaciegas de dudoso gusto. Son todas muy similares.

Puede que mi comentario tenga prejuicios, pero fue lo que nos comentaron. Todo el cobre robado o las limosnas pedidas a lo largo y ancho de toda Europa, acaban aquí.
Rumanía es uno de los países más pobres que he visitado en Europa. Hace unos años, la comunidad europea, invirtió muchos euros en carreteras. Al final tuvieron que des invertir, porque la corrupción era alarmante.
Hay como dos Rumanías, una que es la situada cerca de la frontera occidental es de una manera y luego ya la parte interior de otra.
De todas formas he de decir, que en general estuvimos a gusto, salvo lógicamente algunos detalles sin imporancia.
Bien, pues hasta aquí la crónica de las gentes de Rumanía, os dejo el vídeo con las casas en las que estuvimos.

Salimos de nuestro rincón Rumano por la mañana, con destino a la bonita ciudad de Belgrado. La vuelta la fuimos trazando sobre la marcha. Había varias opciones y al final nos decidimos por la vuelta en barcos. El buen precio y ahorro de tiempo nos hicieron decidir por esta opción.
El tiempo en Rumanía era tormentoso, para abandonar el país nos calló otra vez una de esas tormentas que te dejan recuerdo. Estuvimos parados en un café de carretera aproximadamente una hora, admirando las olas que levantaban en la carretera los pocos camiones que decidieron seguir ruta.

Pero, como es menester, después de la tormenta siempre llega la calma. Atravesamos la frontera con Serbia de manera sorprendentemente sencilla. No se porqué pensaba que nos iban a mirar más cosas, pero nada. Pasaporte y estábamos circulando por las carreteras de Serbia.

Llegamos a Belgrado a la hora de comer. Dejamos bártulos en el hotel y comimos algo rápido en una pizzería. Con las barrigas llenas, nos dirigimos a visitar la preciosa ciudad de Belgrado.
Bajamos en transporte público, en parte por descansar un poco de la moto, en parte porque las ciudades siempre son un poco caóticas.
Belgrado ofrece una estampa preciosa. El río le da una vida sin igual. Los edificios modernos se erigen entre las casas más antiguas. Aquí no queda apenas restos ya de la guerra de los noventa, salvo alguna fachada que intencionadamente ha quedado de testigo de la barbarie.
Como dato curioso entramos en una iglesia protestante y me pareció más bonita que las recargadas iglesias cristianas. Aquí no se permiten figuras, sólo hay referencias en imágenes pintadas. Parecen sitios pensados para una oración más intimista.
Dejo fotos de Belgrado:

La noche siguiente la haríamos en un sitio llamado Crikvenica. Pertenece a la preciosa costa Croata.
Salimos de Belgrado con intención de hacer toda la costa Croata de Norte hasta Split. Uno de los primeros sitios para alcanzarla era Crikvenica. Hay formas más directas de llegar, pero no más rápidas y como la costa del Adriático en su cara Este no decepciona nunca, ese fue el trayecto elegido.
En la villa marinera y turística nos pusimos hasta arriba de pescado y después nos tomamos unos “cubatas” a la orilla del mar. En esta época del año, el turismo está flojo y eso se agradece sobremanera a la hora de disfrutar del entorno.

Nuestra siguiente etapa ya nos llevaría hasta Split. Bajamos toda la costa, disfrutando de la carretera, del sol mediterraneo y de los paisajes preciosos que nos ofrece el trayecto. Croacia está cambiando, cada vez es más turísitico y se empiezan a ver los no deseables complejos vacacionales, pero aún así, sigue siendo uno de los países más bonitos del viejo continente.
Este día se basó en disfrutar de la ruta y tomar el barco que nos llevaría al puerto de Ancona. El recorrido lo hicimos nocturno. En estos barcos te tienes que buscar un poco la vida si no llevas camarote asignado. En nuestro caso nos hicimos fuertes en una sala en la que no había viajeros. Dormimos en el suelo. En mi caso dormí bien, no se me hizo nada larga la noche.
De Ancona nos dirigimos a Civitavecchia. Disfrutamos a mitad de camino de una excelente comida en una trattoria. Espectacular.
Como íbamos bien de tiempo, hicimos una visita rápida a la ciudad eterna. Me impresionó tanto Roma, que me propuse volver en el futuro.

Junto con París, me ha parecido la ciudad más bonita que conozco. Roma, lo dejaré para futuras crónicas ya que volví en el convulso año 2020.
En Civitavecchia se coge un ferry que te lleva al puerto de Barcelona. Este es más pesado y los sitios para dormir más buscados. Lo pasamos un poco peor, porque nos tocó dormir en butaca, pero aún así hicimos el trayecto con digninad.
Despedimos el viaje en casa de nuestros grandes amigos Taz y Emma en Barcelona, degustando los licores traídos de Rumanía.

Por cierto, estos brebajes son muy fuertes. No aptos para cualquier paladar…..
Sin más, dejamos finalizada esta crónica escrita con el último vídeo del viaje. Espero que os haya gustado, tanto una cosa como la otra.
¡¡¡Nos vemos en la próxima!!!!

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